Cuando llega el verano, muchas personas reducen su actividad física o incluso dejan de hacer ejercicio durante unas semanas. Es normal: las altas temperaturas, el cansancio o los cambios en la rutina pueden hacer que moverse apetezca menos.

Sin embargo, el verano no tiene por qué ser un paréntesis en nuestros hábitos saludables. La clave no está en dejar de hacer ejercicio, sino en adaptarlo a esta época del año para seguir cuidándonos de forma segura y agradable.

Desde Únete al Movimiento siempre somos partidarios de adaptar tu rutina de ejercicios a la época del año, ya que normalmente el verano y la Navidad es cuando más difícil nos puede resultar. Si este es tu caso, ¡no te preocupes! Hoy te contamos algunos consejos que te ayudarán a seguir siendo activa de manera más cómoda.

¡Por cierto! Este mes de julio tenemos preparadas unas clases muy especiales; puedes saber más en nuestro Instagram.

Elige bien el momento del día

Probablemente es una de las recomendaciones que más veces habrás escuchado, pero es porque realmente marca la diferencia.

Las horas centrales del día concentran las temperaturas más altas, por lo que hacer ejercicio a mediodía puede resultar mucho más exigente para nuestro cuerpo.

Siempre que sea posible, intenta practicar actividad física a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Además de entrenar más cómoda, tu organismo tendrá que realizar menos esfuerzo para regular su temperatura. Planifica bien tu día para guardar un espacio que coincida con menor pico de calor y verás como no tardas en crearte esta rutina que, a su vez, te hará más fácil seguir entrenando. 

No todos los espacios son iguales

Cuando pensamos en hacer ejercicio en verano solemos centrarnos en la temperatura exterior, pero el lugar donde entrenamos también es importante.

Los espacios ventilados, frescos y agradables ayudan a que la práctica sea mucho más cómoda. En actividades como el pilates, donde la concentración y la conexión con el cuerpo tienen un papel fundamental, sentirse a gusto en el entorno puede marcar una gran diferencia.

Y si prefieres hacer ejercicio al aire libre, busca zonas con sombra y evita, siempre que puedas, los espacios donde el calor se acumula más.

La hidratación importa más de lo que parece

En verano sudamos más y, por tanto, perdemos más líquidos.

Por eso es importante no esperar a tener sed para beber agua, aunque pueda parecer uno de esos mitos que las madres cuentan de pequeños. Mantener una hidratación adecuada a lo largo del día nos ayuda a sentirnos mejor, recuperarnos antes y rendir más durante la actividad física.

Muchas veces atribuimos el cansancio, los dolores de cabeza o la sensación de falta de energía al calor, cuando en realidad pueden estar relacionados con una hidratación insuficiente.

Además, si eres de la que se hincha en verano o tiene más pesadez, te conviene reforzar esto. En verano retenemos más líquidos debido a la dilatación de los vasos sanguíneos, que dificulta el retorno sanguíneo al corazón. Una de las maneras de mejorar esta retención, además de evitar estar muchas horas sentada/de pie es moverse e hidratarse más, ya que, si no lo haces, el cuerpo entra en modo “supervivencia” y almacena más líquido. ¡A beber!

Aprovecha los alimentos de temporada

La alimentación también puede convertirse en una gran aliada durante los meses más cálidos, y es que los alimentos de temporada van a jugar mucho a tu favor para mantener esa hidratación extra que el cuerpo pide.

Frutas como la sandía, el melón, los melocotones o las nectarinas contienen una gran cantidad de agua y ayudan a complementar nuestra hidratación diaria. Además, aportan vitaminas, minerales y resultan especialmente apetecibles cuando hace calor.

Por otro lado, las verduras frescas, las ensaladas o las cremas frías también son opciones interesantes para esta época del año.

Escucha a tu cuerpo

A veces intentamos mantener exactamente la misma intensidad de entrenamiento durante todo el año y olvidamos que el calor también afecta a nuestro organismo. Es posible que algunos días te sientas más cansada, necesites descansar un poco más o reducir la intensidad de la actividad. No pasa nada, lo importante es escucharse y no forzar. 

Si durante el entrenamiento apareciera algún síntoma de malestar, no te empujes; frena.

Descansar también es cuidarse

Igual que ocurre durante el resto del año, el descanso sigue siendo una parte fundamental del bienestar.

Dormir bien, respetar los tiempos de recuperación y permitir que el cuerpo se adapte a las condiciones del verano es tan importante como mantenerse activa.

Recuerda que no siempre más es mejor. A veces, la mejor decisión es bajar el ritmo y darle al cuerpo lo que necesita.

Lo importante es seguir moviéndote

Durante el verano no hace falta entrenar más ni hacerlo mejor. Lo importante es encontrar una forma de movimiento que encaje contigo y que puedas mantener disfrutando.

Adaptar horarios, prestar atención a la hidratación y escuchar a tu cuerpo te permitirá seguir activa durante los meses de calor sin renunciar a tu bienestar.

Y si no sabes qué actividad puede encajar mejor contigo o quieres empezar a moverte de una forma respetuosa con tu cuerpo, ¡puedes contactarnos para que encontremos juntas la opción que mejor se adapte a ti!